sábado, 28 de marzo de 2015

H. Erectus

Quién: Homo erectus
Cuándo: 1’9 millones– 300.000 años
Dónde: norte, este y sur de África; Asia occidental (Dmanisi, República de Georgia); Asia oriental (Indonesia y China)
Qué: restos craneales y postcraneales

 Palate “Sangiran IV” de Homo erectus, colección Koenigswald. Senckenberg-Museum, Frankfurt am Main, Alemania.

 Los fósiles que conforman esta especie son los más antiguos que guardan proporciones más cercanas a las del género humano: brazos más cortos y piernas más alargadas en relación al torso. Esto debió derivarse de una vida más adaptada al suelo, que no requería de modificaciones esqueléticas propias del desplazamiento arborícola. Homo erectus podía caminar en posición bípeda e incluso correr distancias relativamente largas.
Comparado con fósiles más antiguos, su caja encefálica era proporcionalmente más grande en comparación al tamaño de la cara. Presenta una gran variabilidad en lo que al peso y a la estatura se refiere: entre 145 y 185 centímetros y de 40 a 68 kg de peso. Cabe destacar que la mayoría de fósiles no han podido ser sexuados;  no obstante, los fósiles recuperados en África presentan mayor tamaño que los asiáticos.
Las primeras evidencias de esta especie fueron descubiertas a finales del s. XIX en la isla de Java, entre 1891 y 1892: aparecieron varios dientes, un fémur y una calota craneal que se atribuyeron a la especie Pithecanthropus erectus. Con el paso de los años llegaron a recuperarse un total de 12 especímenes en diferentes localidades de la zona, que no se atribuirían al género Homo hasta 1940. También aparecieron fósiles de esta especie en China: en los yacimientos de Hexian, Yunxian o Yuanmou, por ejemplo.
En Kenia se recuperaron restos afines que se han atribuido, sin embargo, a la especie denominada Homo ergaster. En la zona de Dmanisi, de donde es originario el Homo georgicus, datado en 1’8 millones de años, encontramos la transición hacia el erectus oriental pero manteniendo una relación con Homo habilis.
Así pues, en el estudio de la evolución humana es posible aventurar el camino que recorrieron los homínidos evolucionados de Homo habilis que dejaron África, donde siguieron evolucionando como Homo ergaster, para dispersarse por Asia y convertirse en Homo erectus.
Aun así, la transición de Homo habilis a  Homo erectus no parece directa, sino mediante algún nexo de unión como Homo rudolfensis. Además, existen fósiles recuperados en la zonan de Ileret que apuntan hacia una convivencia entre ambas especies que duró casi medio millón de años.
Otro debate abierto en torno a esta especie consiste en la presencia de Homo erectus en África y si estos fósiles deben asimilarse a Homo ergaster. Los fósiles africanos de este conjunto comparten rasgos con los de Asia oriental: por ejemplo, un torus supraorbital grueso o un cráneo alargado. Pero también tienen características que señalan ya hacia Homo sapiens, como la disposición de los huesos parietales y su tamaño.
Existen muchísimas preguntas sobre Homo erectus que los investigadores todavía no han podido resolver: ¿hubo una única especie con una gran variedad regional que se expandió por África, Georgia y Asia, o bien nos encontramos ante diferentes especies poco representadas que hemos aglutinado bajo el denominador común de Homo erectus? ¿Puede relacionarse a esta especie con el manejo de la industria achelense? El camino para trazar el delicado proceso de la evolución humana es largo y complejo y el caso de esta especie  es un buen ejemplo de ello.
Para saber más:
  • Arsuaga, J. L. y Martínez, I. (1998). La especie elegida. Madrid: Ediciones Temas de Hoy
  • Asfaw, Berhane et.al. (2002) “Remains of Homo erectus from Bouri, Middle Awash, Ethiopia”; Nature 416: 317–320
  • Carbonell, Eudald (2005) Homínidos: las primeras ocupaciones de los continentes: 349; Barcelona: Ariel
  • Spoon, F. et al. (2007) “Implications of new early Homo fossils from Ileret, east of Lake Turkana, Kenya”; Nature 448: 688-691
  • Swisher, Carl C. (1996) “Latest Homo erectus of Java: Potential Contemporaneity with Homo sapiens in Southeast Asia”; Science 274 (5294]: 1870-1874
 http://www.laevolucionhumana.com/2015/01/homo-rudolfensis-2/

Los primeros humanos eran tan diferentes entre sí como los actuales

 El niño de Turkana es el fósil de 'Homo ergaster' más completo que existe. Vivió hace 1,6 millones de años en lo que hoy es Kenia. / Jay Stock

A los humanos de hoy les gusta creerse los protagonistas del lema olímpico más rápido, más alto, más fuerte (Citius, altius, fortius). En nuestra diversidad, creemos que somos el último paso de la evolución humana, el fruto acabado del progreso. Sin embargo, una revisión de una gran cantidad de restos de los primeros homínidos muestra que ya hace casi dos millones de años, el género Homo era tan diverso como hoy. Sí, los había bajitos y rudos, pero también tan altos y fuertes como los actuales.
 
La idea del progreso como una sucesión de pasos hacia algo mejor, de lo más simple a lo más complejo, es una deformación de las ideas de Charles Darwin que aún tiene sus adeptos entre los científicos. Para muchos paleoantropólogos, el género Homo fue evolucionando desde especímenes más pequeños, menos bípedos y emparentados con los simiescos australopitecos hasta las formas refinadas del Homo sapiens. Lo peor es que, para muchos, fue ese refinamiento lo que permitió la expansión de los primeros humanos fuera de su paraíso original, África, al resto del planeta.
Sin embargo, una revisión de decenas de restos de aquellos primeros homínidos muestra una gran diversidad de tamaño corporal y estatura aún antes de la primera gran emigración humana. De hecho, hace entre 1,8 y 1,7 millones de años coincidieron especímenes africanos tan altos como los humanos actuales con especies de homínidos de metro y medio de altura que ya vivían en Europa.
"No podemos dar por hecho que la evolución a cuerpos más grandes y piernas más largas fue el principal motor que estuvo detrás de las primeras excursiones de nuestro género en Eurasia", dice en una nota el investigador de la Universidad de Tubinga (Alemania) y coautor del estudio, Manuel Will. Y no se puede dar por hecho porque los restos dicen lo contrario.
 
Los investigadores revisaron los estudios publicados sobre restos de unos 40 ejemplares de tres especies de Homo anteriores a la nuestra, el Homo habilis, Homo rudolfensis y el Homo ergaster. Estudios anteriores han sostenido que los dos primeros eran muy parecidos a los australopitecos de hace dos millones de años en masa corporal y estatura. El ergaster, de mayor estatura, tamaño y unas proporciones en las extremidades similares a la de los humanos actuales, habría estado en condiciones de iniciar la aventura por otras tierras. Sin embargo, hallazgos como el de Dmanisi (Georgia) de un ergaster de hace 1,8 millones de años con una estatura de 1,49 centímetros puso en aprietos a los defensores del Citius, altius, fortius.
En paleoantropología el tamaño y la estatura sí importan. Unas piernas más largas, mayor proporcionalidad entre las extremidades inferiores y posteriores y ser más alto dan ventajas adaptativas. Parejo a la mejora de la dieta y la ampliación del nicho ecológico iba el desarrollo del cerebro. Pero el problema es que la mayor parte de los restos encontrados, además de su dispersión temporal y geográfica, son craneales y de una pieza dental no se puede saber lo alto que era uno. Los trozos de huesos más largos, como la cabeza del fémur, son los mejores indicadores antropométricos, pero no abundan.
Lo que hicieron los investigadores fue comparar las dimensiones de los restos catalogados de los primeros homínidos con las de una veintena de actuales pueblos primitivos. No se trata de una desviación etnocentrista si no de que estas comunidades aún viven como se suponen que lo hacían nuestros antecesores y no se han visto influidas por la reciente mejora de la especie humana fruto de los avances de la Revolución Industrial. Con ese punto de partida pudieron hacer una serie de regresiones para obtener la estatura y peso corporal medios de nuestros antepasados.
Sus resultados, publicados en Journal of Human Evolution, muestran una mayor diversidad de peso y estatura de lo que se pensaba. Además, esta variabilidad no sigue un patrón temporal o geográfico. Hubo homínidos de 1,80 metros de altura y 80 kilogramos de peso, como los encontrados en el yacimiento de Koobi Fora (Kenia), de hace 1,7 millones de años, coetáneos de otros de apenas 1,35 cm y 30 Kg.


 La tabla muestra la altura y peso máximo, mínimo y medio de los primeros humanos. / M. WILL Y J. STOCK/JOURNAL OF HUMAN EVOLUTION


"Lo que estamos viendo es quizá el inicio de una característica única de nuestra especie, los orígenes de la diversidad", dice el antropólogo de la Universidad de Cambridge y coautor del estudio, Jay Stock. "Se puede interpretar nuestros resultados como una muestra de que hubo varias especies de primeros humanos, como Homo habilis, Homo ergaster y Homo rudolfensis, o una única especie muy diversa", añade.
Para los investigadores, el mayor incremento en el tamaño corporal no fue un factor determinante para la expansión de los Homo fuera de África ya que el principal incremento se produjo decenas de miles de años antes de que el Homo erectus dejara el continente, en especial en la región de Koobi Fora.

Dudas con el método del estudio

Sin embargo, sus resultados y en especial como han llegado hasta ellos no convencen a todos. El profesor de prehistoria de la Universidad Complutense, Manuel Domínguez-Rodrigo, duda del sistema de regresión que han utilizado para llegar a las mediciones. "Hacer estimaciones del tamaño corporal a partir de huesos tiene un rango de error y por eso siempre lo hacemos con los huesos más fiables. Pero estos no son abundantes".
Para el codirector del Instituto de la Evolución en África (IDEA) y experto en el yacimiento de Olduvai (cuyos restos están incluidos en el estudio), aplicar una regresión a partir de humanos actuales, por muy primitivos que sean, es muy aventurado. "Si nos metiéramos en una máquina del tiempo, veríamos que si han acertado ha sido por puro azar", comenta. Otro problema es el tamaño de la muestra. A pesar de todos los especímenes revisados, se trata de un lapso temporal de al menos un millón de años. "Con etapas de mayor abundancia de fósiles que otras, esto debilita hacer una cronología fiable de las muestras", añade.
A pesar de esas limitaciones, el paleoantropólogo español coincide con una de las conclusiones del trabajo: la gran diversidad de tamaños y estaturas de los primeros humanos. Lo que niega es que esta diversidad se produjera después de la salida de África. "Hay restos de 1,7 millones de años de homínidos de más de 1,80 cm de altura". En Olduvai, por ejemplo, los restos ya catalogados pueden ser pequeños pero investigadores del IDEA están encontrando restos de alturas comparables a las de los humanos actuales.
"Tenemos que admitir que en los primeros Homo hay diversidad en cuanto a tallas corporales, pero lo que no hay es una tendencia lineal. Hace dos millones de años tenemos conviviendo habilis más pequeños y erectus mucho más grandes. Y medio millón de años después siguen conviviendo", recuerda. Y plantea un nuevo interrogante: "Con los últimos hallazgos, no se sostiene la creencia de que el erectus evoluciona del habilis clásico, el erectus viene de otra cosa". Así que el libro de historia de los primeros humanos aún está por encontrar un final.



domingo, 22 de marzo de 2015

Los científicos se rebelan contra la reapertura de Altamira

Bisontes en la sala de polícromos de la cueva de Altamira, en Cantabria. 

 Altamira, patrimonio de la Humanidad de la Unesco, se juega su futuro en las próximas semanas. Después de un año de visitas experimentales, el patronato de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo, situado en Cantabria (norte de España), debe decidir en breve si se abre definitivamente al público. En este momento crucial, el Departamento de Prehistoria de la Universidad Complutense ha enviado una carta a la Unesco extremadamente crítica con la gestión de la cueva, en la que asegura que “que el nuevo Programa del Ministerio de Cultura de España, un plan que incluye la apertura de la cueva a los visitantes, plantea cuestiones importantes de la conservación y pone en peligro un legado frágil de suma importancia para la comprensión de la sociedad paleolítica”. La misiva, firmada por 17 profesores, ha recibido el apoyo del Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que agrupa casi 70 investigadores.
 
"España tiene la obligación de estudiar científicamente la cueva para difundir los conocimientos adquiridos en este tipo de estudios y para preservar este patrimonio para las generaciones futuras", prosigue la carta, disponible en Internet en la web del Departamento. "Las acciones emprendidas por el Ministerio de Cultura de España representan una clara amenaza a esta conservación. Creemos que la UNESCO y otros organismos internacionales comprometidos con la preservación del patrimonio cultural deben tomar nota de los peligros que las decisiones políticas suponen para la conservación de Altamira".
Los argumentos de los prehistoriadores se basan en que, pese a los peligros potenciales que representa la presencia de visitantes en la cueva, el Ministerio ha hecho todo lo posible para que sea posible su reapertura, en contra de lo que ocurre en Francia, el país que junto a España alberga los máximos ejemplos del arte rupestre paleolítico. Allí las cuevas de Lascaux y Chauvet se encuentran cerradas al turismo. En el caso de la segunda, donde transcurre el documental La cueva de los sueños olvidados, nunca ha estado abierta al público y en el mes de abril está previsto que se inaugure una gigantesca réplica. Lascaux tiene réplica desde 1983. "Abrir la cueva con vistas al turismo es un peligro", explica Jesús Álvarez Sanchís, director del Departamento de Prehistoria de la Universidad Complutense.
La cueva de Altamira permanecía totalmente cerrada al público desde 2002. Varios equipos del CSIC, coordinados por dos de los máximos expertos mundiales en arte parietal, Sergio Sánchez-Moral y Cesáreo Saiz-Jiménez, realizaron un estudio de la cueva entre 1996 y 2012, en algunos casos con visitas experimentales. Sus resultados se publicaron primero en la revista Science en 2011 y posteriormente en un informe entregado al Ministerio de Cultura y eran contundentes: "Cualquier umbral de riesgo se ha superado" afirmaba sobre la presencia humana en la cueva. Según este trabajo, el mayor peligro eran microorganismos fotótrofos, que se alimentan de la luz.

Sin embargo, en 2012 el Ministerio de Cultura encargó un segundo informe para elaborar un plan integral para la conservación de la cueva, dirigido por el francés Gaël de Guichen. La elaboración de este plan incluía visitas por sorteo: en total durante un año han entrado 250 personas, en grupos de cinco más un guía, que han permanecido cada uno 37 minutos en el interior de la cueva. Las visitas terminaron a finales de febrero y ahora el patronato de Altamira debe decidir en su próxima reunión, que todavía no tiene fecha aunque estaba prevista para marzo o, como muy tarde, abril, si continúan de manera indefinida. La mayoría de los expertos creen que la decisión será reabrir la cueva, de manera muy controlada, ya que el resultado de este segundo estudio interdisciplinar fue que los procesos de deterioro del yacimiento son naturales y que no se han visto agudizados por las visitas. El director de Altamira desde 1991, José Antonio Lasheras ha preferido no hacer declaraciones sobre la carta. En una entrevista con este diario en octubre, señaló: “La gestión del patrimonio tiene por misión ordenar su conservación y uso adecuados, y puede que lo considerado antes adecuado no lo sea ahora, y al revés. Propuse cerrar la cueva en 2002 y asumo el actual régimen de vista pública. Desde que se creó el Museo de Altamira, los cierres han sido temporales y las aperturas al público supeditadas al control del estado de conservación”. En numerosas declaraciones públicas, se ha mostrado partidario de abrir la cueva.

Teresa Chapa, catedrática de Prehistoria de la Complutense y una de las firmantes del documento, explica: "La tendencia en el tema de las cuevas decoradas es cerrarlas e invertir dinero en réplicas y, sin embargo, en Altamira, se opta por la opción contraria". Según esta experta, el documento enviado a la Unesco "refleja la preocupación entre los expertos". La mayoría de los estudiosos internacionales del arte parietal son partidarios de mantener cerradas las cuevas, sobre todo después de los problemas que, tras años de aperturas sin control, padecieron Lascaux y Altamira. "Estamos en total desacuerdo con que la cueva vaya a volver a abrirse", señala por su parte Jesús Álvarez Sanchís. "El segundo estudio solo se puede entender en un contexto político, que busca una explotación turística, incluso propagandística de la cueva. Intentar abrir representa una falta total de sensibilidad hacia un lugar que es de toda la humanidad, no es ni de Cantabria, ni de España. la posible reapertura no responde a intereses científicos, ni patrimoniales, sino políticos".
La carta de los prehistoriadores mantiene que "puesto que ni la evidencia científica ni el número de visitantes previstos apoyan la apertura de la cueva, sólo queda reconocer que es la presión política y las posiciones electoralistas las motivaciones que subyacen a las acciones adoptadas por el Ministerio de Cultura de España". El Ministerio, que tampoco ha querido pronunciarse sobre el contenido de la misiva, ha rechazado siempre que la posible apertura de la cueva se deba a presiones políticas y defendió ante la Unesco, que pidió información sobre el plan experimental de visitas, que el plan integral de conservación ofrece un diagnóstico preciso de todo lo que ocurre en la cueva.
El Departamento de Prehistoria de la Complutense se encuentra entre los más importantes de España. El Instituto de Historia del CSIC cuenta con 67 investigadores de plantilla y edita varias revistas científicas, entre las que se cuenta Trabajos de Prehistoria, que es la principal publicación científica sobre prehistoria en lengua española. La Junta del Instituto (el órgano de gobierno, formado por la dirección y los jefes de todos los departamentos) acordó por unanimidad en su sesión de 9 de enero de 2015 enviar a UNESCO la adhesión del instituto a la carta de la Complutense.



Descubierto el origen del “animal más extraño” según Darwin

 Reconstrucción del 'Macrauchenia' descubierto por Charles Darwin. / Peter Schouten

En 1833, Charles Darwin era un geólogo veinteañero a bordo del Beagle que ignoraba cuánto iba a cambiar su vida. Un día, en Uruguay, compró por unos peniques un cráneo fósil al que los niños habían cosido a pedradas. Era una rareza y, por su tamaño, bien podía haber tenido la talla de un elefante africano. Después encontró un diente que encajaba a la perfección en la calavera. Para su sorpresa, los incisivos parecían de una rata gigante. Darwin lo describió como “uno de los animales más extraños jamás descubiertos” y siguió adelante. Meses después, en Argentina, halló el fósil de otro mamífero enorme que tenía cuello de camello y una trompa que recordaba al elefante.
Lo que no pudo hacer fue identificar el origen de aquellos enormes mamíferos extintos de América. ¿Estaban emparentados con los elefantes africanos o con las llamas y los roedores americanos? Desde entonces muchos otros expertos han intentado, sin éxito, responder a esta pregunta estudiando la extraña morfología de los huesos. “Nadie tenía ni idea del lugar que ocupan estos animales en la radiación de los mamíferos”, detalla a Materia Ian Barnes, investigador del Museo de Historia Natural de Londres. Ahora, gracias a la ayuda de algunos de los mayores expertos del mundo en rescatar material biológico de fósiles, Barnes ha conseguido resolver el enigma.

 Reconstrucción del 'Toxodon' / Peter Schouten

Barnes y el resto de su equipo han conseguido aislar proteínas de colágeno de restos de ambos animales, conocidos como Toxodon y Macrauchenia. Es una técnica que ya se ha usado con huesos de dinosaurio y a la que se recurre cuando no se puede extraer ADN debido al deterioro por el clima o el tiempo. En ambos casos el análisis del colágeno permite fragmentar esta proteína en sus piezas básicas, los aminoácidos, compararlas con las de otros animales (un caballo extinto e hipopótamos y tapires actuales), y dilucidar el origen evolutivo de una especie.
Los animales descubiertos por Darwin pertenecieron a un grupo de ungulados primitivos, hermanos de los ungulados actuales como el rinoceronte, el caballo o el tapir, según el trabajo publicado hoy en Nature por Barnes y el resto de un equipo internacional de científicos. Ninguna de las dos especies estaba emparentada con los afroterios, animales genuinos de África como el elefante o el cerdo hormiguero.

El árbol de la evolución:

El descubrimiento no es solo importante por haber recuperado proteínas de fósiles que tienen más de 12.000 años y por las posibilidades que esta técnica abre en el futuro, sino por un significado que Darwin supo intuir a la perfección. En lugares diferentes y momentos diferentes, la vida desarrolla y mezcla adaptaciones similares, como el largo cuello de camello de los Macrauchenia o los redondeados cuerpos de los manatíes, otros afroterios que a simple vista podrían confundirse con focas o morsas, pero cuyo pariente terrestre más cercano es el elefante.
Tras descubrir el Toxodon, Darwin escribió asombrado: “¡De qué forma tan maravillosa están diferentes órdenes [de animales] hoy bien separados mezclados en diferentes puntos en la estructura del Toxodon!”. Según su biógrafo Peter Bowler, lo visto en estos fósiles fue justo lo que necesitaba para acuñar una de las ideas claves de su teoría: la evolución no es una escalera que progresa de menos a más, sino un árbol que se ramifica constantemente.



viernes, 13 de marzo de 2015

La evolución de la industria lítica en el Paleolítico

Diversas herramientas empleadas en el Paleolítico

Si algo caracterizó a los primeros hombres y los diferenció de otros homínidos fue, sobre todo, su capacidad para fabricar útiles. No solo utilizar objetos como instrumentos, sino especialmente darles  una forma para que resultaran más eficaces, forma no accidental sino buscada conscientemente de acuerdo con modelos uniformes.
 
 Proceso de elaboración de un bifaz
 
 PALEOLÍTICO INFERIOR (2,5 millones de años- 125.000 años)
 Homo habilis fabricando un canto tallado
 
Los primeros utensilios de fabricación humana encontrados hasta la fecha aparecen asociados al HOMO HABILIS: son los cantos tallados o trabajados por una cara (cantos monofaciales o choppers) o por dos caras (cantos bifaciales o chooping tool). Eran cantos en los que se había conseguido un filo cortante mediante percusión, empleando otra piedra más dura llamada percutor. Esta primera manifestación cultural se denomina PEBBLE-CULTURE O CULTURA DE LOS GUIJARROS. Probablemente el hueso y la madera fueron también empleados como útiles cortantes, pero por una parte es difícil reconocer en ellos el trabajo humano, y por otra parte su conservación hasta nuestros días ha sido imposible.
 
Canto trabajado monofacial del Paleolítico superior
 
Canto trabajado bifacial del Paleolítico inferior
 
Con el tiempo, la industria de cantos tallados se hace más compleja al extenderse la talla al resto del núcleo, buscando formas apuntadas que, al ser trabajadas por las dos caras, reciben  el nombre de bifaces. Estos instrumentos, llamados también hachas de mano, conforman la base de la denominada INDUSTRIA ACHELENSE, extendida por África, Europa y Asia y asociada a HOMO ERECTUS. La industria achelense se caracteriza también por una progresiva diversificación de los útiles buscando una mayor eficacia: aparecen, junto al bifaz, el hendedor, el triedro o la raedera. Pero  no por ser los bifaces las piezas más llamativas de esta etapa hay que infravalorar la tendencia creciente a lo largo de la últimas fases del Paleolítico inferior a trabajar no solo los núcleos de las piedras, sino también las lascas y esquirlas que saltan de ellos al tallarlos, y que conforman una auténtica industria de lascas. Ese trabajo con lascas supone el desarrollo de una nueva técnica de trabajo que denominamos "técnica levallois", consistente en la talla centrípeta del núcleo de piedra para obtener lascas cuya forma ha sido predeterminada por el tallador.

El Homo Erectus conocía el fuego y lo usó para endurecer las puntas de sus armas de madera
 
 Bifaz achelense
 
 
PALEOLÍTICO MEDIO (125.000-40.000 años)
En Eurasia aparecerá una nueva cultura ligada a un nuevo tipo humano, el HOMBRE DE NEARDENTAL, y denominada CULTURA MUSTERIENSE.  Esa cultura más evolucionada tendrá ya un gran desarrollo de la industria lítica sobre lascas. 
Globalmente asistimos en este periodo a un doble proceso:
-Microlitización o reducción del tamaño de los útiles, desapareciendo progresivamente la industria macrolítica.
-Mayor especialización y diversificación tipológica. Ahora serán frecuentes raederas, denticulados, cuchillos, puntas, raspadores o buriles.
 
 El hombre de Neardental ya empleaba gran variedad de armas
 
 Piezas de sílex de la industria musteriense del Paleolítico medio
 
PALEOLÍTICO SUPERIOR (40.000-10.000 años)

Los rasgos que identifican al Paleolítico Superior, durante el que vive el HOMO SAPIENS SAPIENS, frente a otros periodos previos son muchos:
- Por un lado continua el proceso de microlitización con el desarrollo de la industria laminar, que supone el trabajo sobre lascas más largas que anchas. Eso supone un mejor aprovechamiento de la materia prima y una mayor rentabilidad de su uso en relación a una determinada función.
- Asistimos a la profundización en una tendencia que viene de mucho antes, a una mayor diversificación tipológica, que se observa en el desarrollo de las herramientas de hueso y asta (proyectiles como azagayas o arpones, punzones, agujas, etc.). Este cambio industrial va destinado a obtener una mayor eficacia en el aprovechamiento del medio

Variedad de herramientas y adornos del Paleolítico superior
 
 

En el área europea se aprecia en el Paleolítico Superior una sucesión de culturas:

- CHATELPERRONENSE, vinculado con las últimas manifestaciones de la cultura musteriense.
- AURIÑACIENSE, caracterizado por la presencia de gran variedad de industria lítica. Las puntas con pedúnculo o los raspadores son piezas muy representativas. También es frecuente la industria sobre asta y  hueso como las azagayas de base hendida.

 
 Puntas pedunculadas auriñacienses

 - GRAVETENSE, en el que el elemento más característico en la punta de Gravette.
 Puntas gravetenses

 - SOLUTRENSE, en el que la talla del sílex alcanza una gran perfección y se multiplican los tipos de puntas de flecha muy logradas. Entre las piezas líticas apuntadas destacan las puntas de cara plana (de sección muy plana y retocadas en toda la superficie de una cara) o las hojas de laurel o de sauce (puntas retocadas en las dos caras).

- MAGDALENIENSE, caracterizado por un gran desarrollo de la industria sobre hueso y asta, destacando azagayas y arpones. En lo referido a la industria lítica son frecuentes los buriles, relacionados con el frecuente trabajo del hueso, raspadores y puntas.

 arpones del magdaleniense

Para finalizar presento aquí algunos otros recursos con los que podemos trabajar sobre este tema. En primer lugar un sencilla presentación de elaboración propia con los más representativos instrumentos del Paleolítico con información sobre su cronología y su uso. Además he seleccionado un par de vídeos que muestran el desarrollo de las técnicas de la fabricación de herramientas líticas.
Pincha en enlace para ver vídeos: 


 

La odisea de una especie: Los primeros pobladores de la Península Ibérica (II)

En esta nueva entrega se presenta la segunda parte de un artículo anterior. En la primera parte expuse el planteamiento inicial y las principales problemáticas a las que se enfrenta la comunidad científica a la hora de tratar el tema de los primeros pobladores de la Península Ibérica. Expuse tres problemáticas principales, a saber: la problemática cronológica, la de las rutas de emigración y la de identificación de las especies.
Como ya adelanté en la anterior parte, en esta nueva entrega pretendo seguir analizando este fenómeno de los primeros pobladores con ejemplos de yacimientos de nuestra península que nos otorgan información para encontrar respuesta a las principales preguntas de esta problemática. Así que realizaremos juntos un viaje por el tiempo y el espacio para ver cómo distintos yacimientos peninsulares fueron aportando información sobre las huellas de nuestros primerísimos ancestros. Algunos de los yacimientos que vamos a tratar se quedaron en el camino a la hora de intentar resolver nuestras dudas; otros, sin embargo, nos han aportado información muy valiosa con la que ir resolviendo este intrincado puzzle que es la Historia de los primeros homíninos que pisaron este rincón del planeta.

 Tipo de industria denominada “cantos tallados”, o Modo 1 Olduvayense, en la que se basaban las primeras propuestas de poblamiento arcaico en el Pleistoceno Inferior en la Península Ibérica.

Antes de comenzar nuestro viaje conviene recordar algunos conceptos cronológicos previos. Nos movemos en unas cronologías muy antiguas, de 1,4 Ma B.P. a 780.000 B.P. Esta época se encuadra dentro de lo que conocemos como Pleistoceno Inferior, que va desde 2,5 Ma B.P. a 780.000 B.P. El Pleistoceno Inferior es la primera etapa del Pleistoceno, que llega hasta 12.000 B.P. aprox., y junto con el Holoceno, que es la época posterior, forman el Período Cuaternario. Aclarado esto, y sin más dilación, vamos a dar comienzo a nuestro viaje por el registro arqueológico peninsular, que como comenté ya en la entrega anterior, debido a la gran cantidad de tiempo pasado y a otros factores como la bajísima demografía de nuestro género en esos momentos, es muy exiguo y muy difícil de constatar.
En los primeros pasos de nuestra andadura visitaremos yacimientos que se han intentado adscribir en las cronologías antiguas que nos movemos, pero la comunidad científica en general los pone en duda. También otros yacimientos que si se han podido adscribir con seguridad a estas cronologías pero se pone en duda la presencia antrópica.
Los primeros argumentos de población homínina arcaica en nuestra tierra se dieron con registros fósiles encontrados en terrazas de ríos y litorales costeros, en los que se encontraban piezas líticas que algunos investigadores adscribían al modo 1 u Olduvayense. Tomando como base estos registros líticos se construyeron hipótesis de trabajo en las que se defendían un poblamiento del territorio peninsular muy temprano. Son los llamados yacimientos de cantos tallados, y durante mucho tiempo fueron los únicos vestigios del poblamiento en el Pleistoceno Inferior en nuestra tierra. Estos yacimientos siempre fueron objeto de polémica entre la comunidad científica, no reconociéndolos una gran parte de ella. Los motivos de la polémica eran sólidos, y a la luz de los actuales métodos de datación cronológica, incuestionables. Las críticas iban en dirección a la poca fiabilidad de las unidades estratigráficas a las que se adscribían estos restos líticos, ya que en la mayoría de los casos estaban removidas o simplemente ni si quiera existían.
Hoy en día, para que un registro fósil se tome en consideración debe estar ligado a una secuencia estratigráfica bien definida, y la gran mayoría de estos registros líticos no la tienen. Los que podían defenderse con una secuencia estratigráfica definida recibían críticas sobre la acción antrópica que tenían los elementos líticos, argumentándose que se confundían procesos de talla antrópica con procesos de origen natural, en los que los cantos habían sufrido fracturas que nada tenían que ver con la acción de los homíninos. Como estos yacimientos solo se apoyaban en la industria lítica, ya que no poseían fósiles antrópicos, su destino fue el de ser ignorados por la comunidad científica. Mediante nuevos métodos de datación se pudo comprobar que la mayoría de estos yacimientos pertenecían a cronologías posteriores, como por ejemplo los yacimientos en terraza del Bajo Guadalquivir, con industria del Pleistoceno Medio, o el caso del yacimiento de El Aculadero (El Puerto de Santa María, Cádiz) con industrias del modo 3 o Musteriense, adscritas al Paleolítico Medio.

 El famoso fragmento encontrado en Venta Micena que se atribuyó a un hominino. 

Otros yacimientos no fueron cuestionados por su secuencia estratigráfica, pero sí se cuestionaron la veracidad de la acción antrópica en su registro fósil. El paradigma por excelencia de este tipo de yacimientos es Venta Micena (Orce, Granada) y su célebre Cráneo de Orce. El yacimiento comenzó a ser excavado en los años 80 por J. Gibert y J. Agustí entre otros. En 1982 se realiza el gran descubrimiento del yacimiento, lo que parecía ser una calota de niño. Este descubrimiento confirmaba la presencia de homíninos en la península en cronologías mayores a 1 Ma B.P. Tras distintos análisis se comprobó que el fósil en realidad era posiblemente de équido (actualmente se piensa que es de una hembra de rumiante), y la comunidad científica da la espalda al yacimiento y a sus investigadores, poniéndose en duda incluso la industria lítica que se había encontrado. Actualmente el yacimiento se define como paleontológico solamente, aunque otros yacimientos de la zona han confirmado la presencia homínina en las mismas cronologías, haciéndole justicia a los trabajos de Gibert.
A estas alturas del artículo concluimos la primera parte del viaje entre yacimientos y registros fósiles dudosos y cuestionados, para comenzar un paseo por los pocos yacimientos que acepta la comunidad científica como veraces y que están reconstruyendo actualmente la Historia más primitiva de nuestro pasado.
El paseo comienza por la burgalesa Sierra de Atapuerca (tiene tal riqueza este conjunto arqueológico que merecería un artículo a parte), donde dos de sus yacimientos aportan una gran cantidad de información sobre nuestros primeros pobladores: Trinchera Dolina y Trinchera Elefante. Estos yacimientos están coordinados por investigadores de la talla de Eudald Carbonell o Juan Luís Arsuaga.

 Campaña de excavación de 2010 en Trinchera Dolina

Trinchera Dolina, también llamado Gran Dolina, fue el primer yacimiento de la Península Ibérica en aportar restos de homíninos del Pleistoceno Inferior, es decir, anteriores a 780.000 B.P. Los restos aparecieron en el estrato TD6 o, como fue llamado, Estrato Aurora. Aparecieron abundantes restos antrópicos de varios individuos infantiles. Por métodos de datación como la bioestratigrafía o el paleomagnetismo se comprobó que los restos eran anteriores al 780.000, cuando se establece el último cambio de polaridad de la Tierra. Estos restos aparecieron en 1994 y fueron tan ricos en cantidad y calidad que permitieron establecer una nueva especie, el Homo antecessorque en la escala evolutiva se estableció como un homínino del grupo erectus en su variante europea. Los hallazgos en Trinchera Dolina revolucionaron el paradigma imperante que defendía que el poblamiento europeo no se dio hasta el Pleistoceno Medio. Además, aunque se hayan encontrado restos más antiguos posteriormente, siguen siendo de una importancia vital, ya que rellenan un vacío de información que va desde los restos encontrados en cronologías superiores al millón de años, hasta los restos de homíninos del Pleistoceno Medio.
Trinchera Elefante es el yacimiento de la Sierra de Atapuerca con la cronología más antigua. En el estrato llamado ‹‹unidad roja inferior›› se han encontrado restos de fauna del Pleistoceno Inferior, más antigua que la de TD6, con restos de un roedor (Allaphaiomys), que es indicador de cronologías superiores al millón de años. También se ha encontrado un gran conjunto de industria lítica asociada a esta fauna. El descubrimiento estrella de Trinchera Dolina se dio en 2007, cuando se encontró una mandíbula de homínino que conservaba varios dientes. La mandíbula se dató en 1,2 Ma B.P., y vino a confirmar que el poblamiento de Europa Occidental, y por lo tanto el de la Península ibérica, se había llevado a cabo hace más de un millon de años. Fue otro descubrimiento que revolucionó a la comunidad científica y sus paradigmas establecidos.
Después de este recorrido por los dos enclaves que aportan información sobre los primeros pobladores en la Sierra de Atapuerca, daremos un salto de gigante en la geografía peninsular para llegar hasta el otro conjunto arqueológico que nos aporta información veraz y contrastada sobre las primeras huellas de nuestros ancestros. Nada más y nada menos que un viejo conocido que, con el paso del tiempo, ha confirmado su importancia arqueológica: los yacimientos de Orce (Granada); exactamente Fuente Nueva 3 y Barranco León 5, ambos excavados por un equipo dirigido y coordinado por Bienvenido Martínez y Robert Sala.
Estos yacimientos se encuentran en una cuenca endorreica que formaba un paleolago en el Pleistoceno Inferior. En otros yacimientos de la zona, como Venta Micena, ya se había encontrado restos de fauna asociada a estas cronologías, pero solo en estos dos yacimientos se puede constatar una presencia humana.
En Fuente Nueva 3 no se han encontrado aún restos antrópicos, pero la cantidad de industria lítica del modo 1 u Olduvayense es gigantesca. Toda esta industria se ha encontrado asociada a distintos restos de megafauna que han permitido a los investigadores resolver muchas dudas sobre el comportamiento de los primeros pobladores de nuestra tierra, aunque no se hayan encontrado restos de ellos. Por ejemplo, una aportación muy importante que ha dado la investigación de este yacimiento son las conclusiones sobre el comportamiento de subsistencia de estos homíninos, que confirman que eran carroñeros y no cazadores aún. Este yacimiento se ha datado mediante métodos de paleomagnetismo y se barajan cronologías entre 1,3 y 1,5 Ma, siendo actualmente las más antiguas del territorio peninsular, y de Europa.


Diente de hominino datado en 1,4 Ma. encontrado en Barranco León 5 (Orce, Granada).  

Por último, en Barranco León 5 se ha encontrado una fauna similiar a la de su yacimiento hermano. La industria lítica en este yacimiento también aparece asociada a esta fauna, aunque en Barranco la industria es aún más numerosa, llegándose a identificar lo que posiblemente son zonas de talla. El gran descubrimiento del conjunto de yacimientos de Orce se dio en este yacimiento: un fragmento de lo que parecía ser un diente humano apareció en la campaña de excavaciones de 2002. El tema se trató con respeto y se le hicieron muchas pruebas para confirmar que el diente era de homínino. Finalmente, en 2013 se dio a conocer el descubrimiento como el resto de homínino más antiguo de Europa, ya que el diente se había datado y las cronologías daban una antigüedad de 1,4 Ma. Finalmente se confirmó el poblamiento temprano de las tierras de Orce, aunque los restos son demasiado escasos para establecer la especie de homínino a la que perteneció.
Ante todas estas pruebas bien contrastadas podemos confirmar que nuestros primeros pobladores hicieron su aparición, como mínimo, hace 1,4 millones de años. En conclusión, tras los hallazgos en Dmanisi con una cronología de 1,8 Ma, con los que se confirmó una salida temprana del género Homo de África, los hallazgos en la Península Ibérica han confirmado que el poblamiento de nuestro continente ya era efectivo 400.000 años después de la salida de los primeros homíninos del continente africano, siendo, posiblemente, estos primeros pobladores peninsulares los mismos homíninos que comenzaron la emigración desde sus tierras africanas.
Bibliografía|
AGUIRRE, E., “Orígenes del poblamiento en la Península Ibérica” en MOURE ROMANILLO (Ed.): “El Hombre Fósil”, 80 AÑOS después, pp. 127-151, Santander: Universidad de Cantabria, 1996.
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GARCÍA SÁNCHEZ, E., “El poblamiento de Europa en torno al límite Matuyama/Brunhes: su origen y significado en la evolución humana”, Trabajos de Prehistoria, pp. 46-68, 2006.



La odisea de una especie: Los primeros pobladores de la Península Ibérica ( I )

La Península Ibérica es una región geográfica que se encuentra al sudoeste del continente europeo. Lugar de paso para decenas de civilizaciones y cientos de pueblos, este territorio se encuentra en una encrucijada de caminos entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, y los continentes de Europa y Asia. En el censo de 2011 nuestra península tenía 53.888.553 habitantes, pero, ¿cuándo fue poblada por vez primera por el género Homo?
Esta pregunta ha sido una constante en la investigación desde que se descubriera y confirmara que nuestros primeros antepasados homininos surgieron en el continente africano. Han corrido ríos de tinta al respecto, y aún hoy en día la comunidad científica se encuentra muy dividida en sus opiniones, presentando distintos argumentos para distintas incógnitas que han ido surgiendo a partir de esta primera pregunta.
¿Cuánto tiempo exacto ha pasado desde que el primer Homo pisó nuestra actual tierra?, ¿qué ruta siguieron estos primeros pobladores para llegar hasta la península desde su tierra natal africana?, y la más difícil de todas, ¿quiénes pudieron ser esos primeros homininos que realizaron ese gran periplo y colonizaron este pedazo de tierra?
En el presente artículo, que dividiré en dos entregas debido a la extensión que merece el tema, intentaré abordar estas cuestiones para un conocimiento básico del lector, con las respectivas teorías que se han desarrollado al respecto y los datos comprobados, en distintos yacimientos, que tenemos actualmente en la palestra científica.

 Industria lítica del Modo1 u Olduvayense típica de los primeros pobladores de la Península ibérica

En primer lugar abordaremos las principales problemáticas que ha arrastrado este tema a lo largo de la historiografía. Es necesario tener en cuenta ante todo que el principal problema que tenemos que tener en cuenta es que es un hecho en arqueología que cuento más antiguo es el periodo que queremos reconstruir, menos restos encontramos puesto que al pasar más tiempo, estos restos se ven expuestos a más factores y procesos postdeposicionales que los afectan, sobre todo si son restos orgánicos. Es muy importante tener en cuenta este hecho ya que en la cuestión de los primeros pobladores nos movemos en unas cronologías muy antiguas.
Precisamente la cronología es una de las principales problemáticas de este tema puesto que ha sido objeto de debate entre la comunidad científica durante mucho tiempo. Y es el problema de la falta de restos de homininos en yacimientos anteriores al 500.000 B.P. el motor que la ha fomentado.
Los investigadores se posicionaron claramente en dos bandos: por un lado aquellos defensores de las cronologías cortas como Roebroeks y Kolfschoten, que defendían que la población efectiva del continente europeo no se dio antes del 500.000 B.P., basándose en que los yacimientos anteriores no poseían restos antrópicos directos y por ello desechándolos aunque se encontraran algunos restos de actividad antrópica como pudieran ser los útiles líticos. En el otro extremo encontramos a los defensores de las cronologías altas, como Bonfay, que defendían que el poblamiento de Europa se dio con mucha anterioridad, estableciendo grupos humanos con seguridad en el Pleistoceno Inferior, por lo tanto antes del 780.000 B.P. como mínimo. Esta parte de la comunidad científica utilizaba como argumento los restos de actividad antrópica que se encontraban en yacimientos muy anteriores, básicamente cantos rodados tallados que se asemejaban a la industria lítica del Modo 1 u olduvayense que se desarrollaba en África en el Pleistoceno Inferior.
Actualmente, y gracias a estudios de bioestratigrafía (estudios de distinta fauna que aparece en los niveles estratigráficos y que son marcadores de distintas épocas por su extinción) y de magnetismo (en los que se puede saber en que época cronológica estamos gracias a partículas de minerales metálicos en los estratos que indican la dirección del norte magnético, que se invierte cada cierto tiempo, no regular), la gran mayoría de la comunidad científica acepta un poblamiento de toda la ribera del Mediterráneo en el Pleistoceno Inferior (con seguridad antes de 1.000.000 B.P.). Es más, gracias a las investigaciones en el yacimiento de Dmanisi (Georgia), sabemos con seguridad que el género Homo abandonó África hace 1.800.000 como mínimo.
Otra incógnita que se convirtió pronto en objeto de discordia entre los investigadores fue la ruta que siguieron estos primeros homininos para entrar en Europa y llegar hasta la Península. A diferencia de la problemática cronológica, en la que la mayoría de la comunidad científica ha alcanzado un relativo quorum gracias a las nuevas técnicas empleadas, en el tema de las rutas migratorias las opiniones al respecto siguen muy divididas.

 Mapa con las posibles rutas de migración desde el continente africano en el Pleistoceno inferior.


Una parte de los investigadores defienden la ruta del Próximo Oriente, la teoría clásica que defiende que los primeros homininos que salieron del este de África lo hicieron tomando la dirección norte y atravesando la ribera del Mar Rojo y el corredor sirio-palestino. Esta es la teoría que impera, defendida con argumentos sólidos, por ejemplo que los restos encontrados de homininos más antiguos fuera de África se han encontrado en el yacimiento de Dmanisi (Georgia) con 1.800.000 de antigüedad. Después de llegar al Próximo Oriente estos homininos tomarían dos direcciones siguiendo las riberas: una hacia el este en su expansión por Asia y otra hacia el oeste, siguiendo la ribera del Mediterráneo, en su expansión por Europa. El punto débil de esta teoría es que los yacimientos más antiguos con presencia humana en el continente europeo se encuentran en la Península Ibérica y según esta ruta cabría esperar yacimientos más antiguos a lo largo de Europa y que los de la Península fueran los más modernos. Los defensores de esta teoría argumentan que en la época que tratamos la plataforma continental mediterránea sería mayor, por la regresión de las aguas en época glaciar, y la mayoría de los yacimientos de la ruta por el Mediterráneo están bajo el mar en la actualidad.
Otra parte de los investigadores defienden rutas alternativas a la clásica. Los dos pasos defendidos son el sículo-tunecino y el paso del Estrecho de Gibraltar. Para pasar por estas zonas los homininos debieron seguir una ruta africana más larga hasta llegar al actual Magreb, desde el que pasaron por alguno de estos pasos (o por los dos) al continente europeo. Los defensores de esta teoría esgrimen dos argumentos principales: por un lado se apoyan en la regresión marina de la época y el afloramiento de la plataforma continental, que haría que las orillas estuvieran casi juntas. Por otro lado se apoyan en la evidente antigüedad de los yacimientos del sur de la Península Ibérica para defender que los primeros pobladores de Europa entraron por ahí. Esta teoría también tiene puntos débiles. Por un lado obvian que si la plataforma continental era mayor, muchos yacimientos de la ruta clásica pueden estar inundados en la actualidad. Por otro lado los geólogos explican que el Estrecho nunca estuvo unido por tierra, y de embarcarse en primitivas balsas hacia la otra orilla sería un paso muy peligroso, ya que las corrientes por el Estrecho serían más fuertes por el efecto embudo del estrechamiento de mar.
Lo cierto es que la migración coincide con una época de aridificación de la zona originaria de los homininos en África Oriental, que provocó una migración de fauna, típicamente africana, hacia Asia y Europa bien constatada en el registro paleontológico por las dos rutas defendidas. A esta migración de la fauna le seguiría la de los homininos que veían como su alimento se marchaba. Por lo tanto si encontramos restos de esta fauna, tanto en el corredor sirio-palestino como en el Magreb, es lícito pensar que estos homininos, al igual que la fauna que perseguían, tomaron diferentes rutas, pudiendo ser validas todas las teorías a la vez.
Por último, en cuestión de problemáticas, quizá la que más importa a los investigadores es saber quienes fueron esos primeros homininos que poblaron nuestro continente. El principal escollo para resolver esta cuestión es la ínfima cantidad de restos humanos que encontramos en los yacimientos de esta cronología tan antigua. Sin embargo, los pocos que tenemos nos pueden dar algunas pistas. La teoría tradicional defiende que el hominino que salió de África fue el Homo Ergaster, que tendría su variante en Asia con Homo Erectus. Gracias a los fósiles descubiertos en Dmanisi podemos saber que la morfología de estos primeros homininos era más parecida a la de los Homo Habilis, y unido a que la mayoría de la industria lítica que se encuentra en yacimientos de esta cronología en la Península son adscritas al Modo 1 u Olduvayense (característico de estos Homo Habilis en África), podemos pensar que fue Homo Habilis el primer hominino en salir de África y colonizar las nuevas tierras europeas y asiáticas.

 Craneo número 5 de Dmanisi (Georgia). El hominino más antiguo fuera de África (1.800.000 B.P.)

El problema radica cuando intentamos buscar restos de este Homo Habilis en Europa. Los pocos restos antropológicos con una cronología mayor a 1.000.000 B.P. en el continente europeo se han encontrado en la Península Ibérica. El problema es que estos restos se pueden contar con los dedos de una mano y no son restos que puedan aportar información decisiva para saber con que especie de hominino estamos trabajando, aunque aparezcan en contextos con industria lítica olduvayense. Todos han sido definidos como Homo Species, que es el nombre que se les da cuando la especie no esta definida. Si avanzamos un poco en el tiempo, para fechas en torno al 800.000 B.P., tenemos un registro antropológico más rico en Trinchera Dolina (Sierra de Atapuerca, Burgos), que sí ha permitido estudiar bien la especie a la que pertenecían los fósiles, llegando incluso a definirla como Homo Antecessor, que en la linea evolutiva estaría un escalón por encima de Homo Habilis, perteneciendo al grupo erectus en su variante europea. Aún así estamos en cronologías más recientes que las que se barajan para la llegada de los primeros pobladores, en torno a 1.400.000, por lo que no podemos definir, con certeza, como Homo Antecessor a los homininos que pisaron la Península Ibérica 500.000 años antes del registro de Trinchera Dolina. De hecho la lógica nos conduce a pensar que estos primeros pobladores serían más parecidos al Homo Georgicus (hominino de Dmanisi con rasgos habilinos) que a nuestro posterior Homo Antecessor.
Con este planteamiento inicial, de las problemáticas a las que la comunidad científica se ha enfrentado a la hora de dar respuestas a diversas preguntas en torno al primer poblamiento de la Península ibérica, concluimos la primera parte de este artículo sobre los primeros pobladores de la Península ibérica. En el siguiente os mostraré con ejemplos prácticos como evolucionó el estudio de yacimientos adscritos a estas cronologías, los debates en torno a la veracidad de alguno de ellos y los datos contrastados que nos han dado otros yacimientos para poder esclarecer el primer poblamiento europeo y peninsular.

Bibliografía |
AGUIRRE, E., “Orígenes del poblamiento en la Península Ibérica” en MOURE ROMANILLO (Ed.): “El Hombre Fósil”, 80 años después, pp. 127-151, Santander: Universidad de Cantabria, 1996
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GARCÍA SÁNCHEZ, E., “El poblamiento de Europa en torno al límite Matuyama/Brunhes: su origen y significado en la evolución humana”, Trabajos de Prehistoria, pp. 46-68, 2006

jueves, 12 de marzo de 2015

Un crustáceo gigante en tres dimensiones






Reconstrucción del 'Aegirocassis benmoulae' alimentándose de placton.
Podría ser el tiburón-ballena de la prehistoria, pero sólo por su tamaño y su método de alimentación, pues no se trata de un pez cartilaginoso, sino de un crustáceo, aunque eso sí, de gigantescas proporciones. Se trata de un fósil encontrado en excelentes condiciones y en tres dimensiones por un grupo de científicos de las universidades de Yale (EEUU) y Oxford (Reino Unido).
El estudio ha revelado que se trata de una nueva especie de anomalocárido, una familia extinta de animales marinos similares a las actuales gambas, aunque de un tamaño mucho mayor, que vivió durante el Cámbrico, hace unos 541 millones de años. Esta nueva especie, bautizada como Aegirocassis benmoulae en honor a su descubridor, Mohamed Ben Moula, vivió hace unos 480 millones de años (durante el período Ordovícico) en el sureste de Marruecos y alcanzó un tamaño de más de dos metros de longitud. «Aunque casi todos los otros anomalocáridos eran depredadores activos de tamaño mediano, Aegirocassis tenía un tamaño masivo y se alimentaba filtrando plancton. Como tal, es el ejemplo más antiguo de un filtrador gigante que surge dentro de un clado de depredadores activos», explica a este diario Peter Van Roy, autor principal de este estudio publicado este miércoles en la revista Nature.
Para los ojos humanos, los anomalocáridos del Cámbrico pueden parecer auténticos alienígenas. En la cabeza tenían dos apéndices espinosos que utilizaban para agarrar a sus presas y una boca circular rodeada de placas dentadas. Sin embargo, esta nueva especie poseía una modificación y utilizaba estos a modo de tamiz o red intrincada. Así filtraba el agua e ingería el plancton.

 
  Vista lateral del fósil de 'Aegirocassis benmoulae'

Este animal nadaría con los apéndices extendidos en la parte frontal de la cabeza, arrastrando la red a través del agua y recogiendo plancton. Una vez que se hubiera filtrado suficiente cantidad, el apéndice se doblaría segmento a segmento para transferir la comida a la boca, que se encontraría detrás de estos apéndices espinosos, en la parte inferior de la cabeza», explica Van Roy.
El Aegirocassis benmoulae sería, además, el artrópodo más grande conocido, por lo que su hallazgo también es importante porque revela los orígenes de las extremidades de los artrópodos modernos (animales invertebrados dotados de un esqueleto externo y apéndices articulados, como los arácnidos, los crustáceos o los miriápodos).
En su forma más básica, las patas de los artrópodos modernos tienen dos bifurcaciones que se han ido modificando e incluso perdido para atender a una función específica. Así, esas patas podrían utilizarse para la locomoción, la respiración, la cópula, el intercambio iónico o incluso podría tratarse de extremidades sensoriales, entre otras cosas. En el caso de los anomalocáridos, su cuerpo alargado y segmentado solía llevar aletas laterales usadas para la natación. Sin embargo, hasta ahora se creía que sólo tenían un conjunto de aletas por segmento del tronco y que, además, se consideraban equivalentes al de otro grupo basal extinto poco conocido, el de los lobopodios, que tenían patas no segmentadas que utilizaban para caminar.
Esta creencia implicaba que los anomalocáridos habían perdido por completo estas patas. Pero el Aegirocassis benmoulae también tenía dos conjuntos separados de aletas por segmento, como los artrópodos. Por ello, este hallazgo dio lugar a una revisión de otros fósiles de anomalocáridos que acabó demostrando que estas aletas habían sido pasadas por alto en otras especies.
Durante el estudio del Aegirocassis también se descubrieron unas estructuras filamentosas en la parte posterior del animal que los paleontólogos creen que eran utilizadas para la respiración, pues estaban conectadas a la base de las aletas superiores y suspendidas a través del tronco. «Así, hemos demostrado que el conjunto superior equivale a las extremidades posteriores de los artrópodos, mientras que el conjunto inferior corresponde a unas patas modificadas y adaptadas a la natación. Esto resuelve un aspecto previamente problemático de la anatomía de los anomalocáridos, porque demuestra que las extremidades de dos bifurcaciones de los artrópodos modernos surgió a través de la fusión de estas dos estructuras, confirmando a su vez que los anomalocáridos representan una etapa muy temprana en la evolución de los artrópodos», explica Van Roy.

Un 'alienígena' marino pacífico


Usualmente, los anomalocáridos de grandes dimensiones como el Aegirocassis benmoulae que vivieron en el Cámbrico eran animales carnívoros. Sin embargo, esta nueva especie recién descubierta no era igual a sus antepasados. Este anomalocárido del Ordovícico sufrió una modificación en sus apéndices espinosos que le sirvió para adaptarse al medio, pues fue justo en este periodo cuando el plancton comenzaba a aumentar su presencia en el océano. «Este animal marino vivió en un momento de una gran diversificación del plancton. Además, también muestra que durante el Ordovícico los ecosistemas planctónicos ya se encontraban bien desarrollados y eran complejos, pues podían sostener a un animal de grandes dimensiones, en contraste con el Cámbrico anterior», concluye Peter Van Roy. Además, el paleontólogo explica que gracias a este hallazgo se puede afirmar que se trata de un tema evolutivo general, pues esta adaptación se repetiría mucho más adelante en tiburones y ballenas. «La importancia de este hallazgo recae en que muestra que los depredadores activos evolucionaron en filtradores gigantes a la vez que sucedió esta diversificación del plancton», concluye el investigador. El motivo de la extinción de este gigante pacífico no está claro pues, según explica Van Roy, los anomalocáridos fueron un clado con gran diversidad y su desaparición no podría explicarse tan sólo por la competencia entre especies. Sin embargo, este científico se inclina por la rivalidad con otros artrópodos mejor adaptados.




Las arenas de Luxor desvelan la segunda tumba de un funcionario faraónico en una semana

Detalle de la decoración de la tumba hallada en Luxor. 

Dos tumbas en apenas una semana. La misión de arqueólogos estadounidenses que halló hace unos días la tumba de Amenhotep, guardián del dios Amón, ha protagonizado este martes un nuevo descubrimiento formidable. A unos metros del primer enterramiento los egiptólogos se han topado con la sepultura de "Sa Mut" con su muros repletos de hermosas y coloridas estampas que narran la vida y las festividades en la tierra de los faraones.
La tumba de "Sa Mut", con más de 3.000 años de antigüedad, ha sido localizada al este de la tumba TT110 cuyas labores de limpieza sirvieron a la expedición del ARCE (Centro de Investigación Americano en Egipto, por sus siglas en inglés) para dar fortuitamente hace una semana con el enterramiento de Amenhotep, un funcionario del Imperio Nuevo al que los títulos tallados en el dintel de la puerta principal describen como "guardián de Amón".
Los tres enterramientos -situados en Gurna, en la ribera occidental de la actual Luxor- comparten patio, ha informado este martes el ministerio de Antigüedades egipcio en un breve comunicado.


 Como la de Amenhotep -también apodado "Rebiu"-, el nuevo hallazgo data muy probablemente de la dinastía XVIII (1.450-1050 a.C.), un período de enorme zozobra en la corte faraónica. Sepultada por los escombros, la tumba de "Sa Mut" guarda entre sus paredes de yeso "estampas con colores muy brillantes" en las que se alternan momentos del día a día con festividades y viñetas del difunto en compañía de su esposa "Ta Khaeet". El plano del lugar tiene forma de T, con una sala transversal y cámaras laterales inconclusas.
Al igual que sucede con la de su finado más cercano, el sitio fue profanado en la antigüedad y sus escenas dañadas deliberadamente. Un expolio y purga que los expertos atribuyen a la campaña de destrucción iniciada por Ajenatón, el monarca que desterró la antigua religión; alentó el monoteísmo por primera vez en la Historia; e impuso el culto a una nueva deidad -el dios solar Atón- con la oposición del todopoderoso clero. Por orden del "faraón hereje", se cercenó la memoria de todo aquello vinculado a Amón.
Los dos hallazgos -calificados de "asombrosos" por el ministerio de Antigüedades- pueden alumbrar una época de transformaciones y memoria mutilada. Según el director de la expedición, el egiptólogo estadounidense John Shearman, "el nuevo descubrimiento junto al de la semana pasada abrirá la puerta a nuevos hallazgos en el futuro que precisarán de más trabajo para desvelar nuevos hechos científicos y arqueológicos".
Su misión completa los descubrimientos firmados durante el último año relacionados con este destacado periodo de la historia. En 2014 un equipo de egiptólogos españoles encontró en Luxor la clave que desentraña los entresijos de la revolución monoteísta. Las inscripciones jeroglíficas halladas en cuatro columnas de la tumba del visir Amenhotep Huy confirmaron la hasta ahora discutida corregencia de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) y su hijo Amenhotep IV, el monarca convertido luego en Ajenatón.
El ascenso de Amenhotep III marcó el comienzo de la reforma monoteísta que su hijo completó cuando abandonó Luxor y levantó Tell el-Amarna, a mitad de camino de Tebas y Menfis y dedicada al nuevo culto a Atón. También el año pasado, la misión italoespañola "Min Project" se topó con la tumba de May, un alto funcionario de la dinastía XVIII al que los relieves presentan como un importante estadista encargado de supervisar los caballos, el ganado y los campos del faraón. El descubrimiento fue, como ahora, fruto del bendito azar.


Encontrado el humano más antiguo

 La mandíbula hallada en Etiopía / Brian Villmoare

Como en muchas familias, el árbol genealógico del género humano se emborrona a medida que nos remontamos hacia el origen. Conocemos a nuestros padres, abuelos, bisabuelos... pero llega un punto en el que reyes y aristócratas son indistinguibles de esclavos o bandidos. Así las cosas, la mayor pregunta que uno puede hacerse es quién estuvo en la copa del árbol, quién fue el primer humano. Un equipo internacional de arqueólogos cree haber encontrado en África lo más parecido a esa persona: el miembro del género Homo más viejo hallado hasta la fecha, que nos envejece a los humanos medio millón de años.
El 29 de enero de 2013, Chalachew Seyoum, un etíope que estudia en la Universidad Estatal de Arizona (EE UU), descubrió un oscuro diente sobresaliendo de la tierra y pronto dio con más restos. “Me quedé pasmado al encontrar una mandíbula en sedimentos de hace 2,8 millones de años”, explica a Materia. Los restos, encontrados en Ledi-Geraru (Etiopía), consisten en la mitad izquierda de la mandíbula inferior con cinco dientes. “Mi equipo los había elegido porque son de un tiempo clave para entender cómo y dónde apareció el género Homo a partir de un ancestro como el Australopithecus afarensis [conocido como Lucy], que vivía en el este de África hace tres millones de años”, añade Seyoum, originario de Etiopía.
Con el tiempo, este nuevo género de homínidos comenzó a manejar herramientas (Homo habilis), a caminar erguido (Homo erectus), y a desarrollar grupos sociales cada vez más complejos en una historia de éxito evolutivo de la que formamos parte los más de 7.000 millones de Homo sapiens que habitamos el planeta.

 Varias vistas del nuevo fósil / W. Kimbel

En los libros de evolución humana, la historia de nuestro género se acababa hace unos 2,3 millones de años. De esa época son los fósiles más viejos conocidos de Homo habilis (el homínido mañoso que fabricaba herramientas de piedra). Entre ellos y los últimos australopitecos como Lucy (que también vivieron en Etiopía) mediaba casi un millón de años de completo vacío. El nuevo fósil presenta un homínido justo de ese periodo y en plena metamorfosis. En un estudio publicado hoy en Science, Seyoum explica junto a un equipo de científicos de EE UU, Reino Unido y Etiopía que el fósil tiene una interesante mezcla de rasgos modernos y primitivos. Por un lado, ya tenía los dientes más pequeños que caracterizaron al género Homo. Por otro, su barbilla era australopiteca.

Los detalles del hallazgo se publican junto a otros dos trabajos que refuerzan que este es el primer miembro del género Homo. El primero, aparecido en Nature, considera que este nuevo homínido fue el ancestro de los Homo habilis. El segundo es un estudio de fósiles de animales hallados en Ledi-Geraru que confirma que la zona era ya un entorno árido de sabana y arbustos, no una selva. Este paisaje fue clave para que los australopitecos que vivían colgados de los árboles cambiasen de vida y de dieta. Sus grandes dientes para trajinar hojas y frutos se hicieron más pequeños, más humanos, y su cerebro comenzó a crecer. Ambos procesos probablemente se debieron al consumo de carne para alimentar a un cerebro que exigía cada vez más energía.
Ledi-Geraru está a solo unas decenas de kilómetros de Gona, donde aparecieron las herramientas de piedra más antiguas que se conocen. “Hasta ahora no había ningún fósil que correspondiera a esas herramientas, no sabemos quién las hizo, y ahora por fin pueden atribuírsele a este nuevo Homo”, resalta Carlos Lorenzo, arqueólogo del equipo de Atapuerca e investigador del IPHES. La aparición de este fósil “descarta” a otros candidatos a ser los primeros ancestros de nuestro género, como los australopitecos garhi (de hace 2,5 millones de años) o el sediba (1,7 millones de años), resalta el experto, aunque reconoce que no todos aceptarán este nuevo árbol genealógico de nuestra gran familia humana.